Bella du Bellisima
Yo me acerqué hasta tu vera <br />con miedo, ¿por qué negarlo? <br /><br />En las sienes me latían <br />cincuenta y dos desengaños; <br />gris de paisaje en los ojos, <br />risas sin sol en los labios, <br />y el corazón jadeante <br />como un pájaro cansado. <br /><br />Yo me acerqué hasta tu vera <br />con miedo, ¿por qué negarlo? <br /><br />Te reventaba en la boca <br />un clavel de veinte años <br />y en la mejilla un süave <br />melocotón sonrosado. <br />Cuando dijistes: «Te quiero» <br />fue tu voz igual que un caño <br />de agua fresca en una tarde <br />calurosa de verano. <br /><br />Se me echó encima el cariño <br />lo mismo que un toro bravo <br />y quedé sobre la arena <br />muerto de amor y sangrando <br />por cuatro besos lentísimos <br />que me brindaron tus labios. <br /><br />De la sien a la cintura, <br />de la garganta al costado. <br />¡Qué boda sin requilorios <br />sobre la hierba del campo! <br />¡Qué marcha nupcial cantaba <br />el viento sobre los álamos! <br />¡Qué luna grande y redonda <br />iluminó nuestro abrazo, <br />y qué olor el de tu cuerpo <br />a trigo recién cortado! <br /><br />